Es uno de los hallazgos más repetidos en los informes de gastroscopia. Aparece descrito en una línea, a veces con una medida en centímetros, y quien lo lee suele quedarse con la duda de si tiene una enfermedad y no se lo han explicado.
La respuesta breve es que tener una hernia de hiato no equivale a estar enfermo. Lo que determina su importancia no es su presencia, sino los síntomas y los problemas que condicione.
Qué es
El esófago atraviesa el diafragma por una abertura llamada hiato. En condiciones normales, la unión entre el esófago y el estómago se mantiene en esa posición gracias a los ligamentos frenoesofágicos.
Cuando esas estructuras de sujeción se debilitan, una porción del estómago asciende por el hiato hacia el tórax. Eso es una hernia de hiato. La edad y la obesidad son dos de los principales factores que predisponen a que ocurra.
No todas son iguales
Se distinguen varios tipos, y la diferencia importa.
Tipo I o por deslizamiento. Es con diferencia la más frecuente, entre el 85 y el 95% de los casos. La unión esofagogástrica se desplaza hacia arriba y desciende de nuevo con los movimientos respiratorios y la deglución. Es la que aparece en la mayoría de los informes.
Tipos II, III y IV o paraesofágicas. Mucho menos frecuentes. En ellas es una parte del estómago, y en ocasiones otros órganos, la que asciende junto al esófago. Requieren una valoración distinta, porque pueden dar complicaciones mecánicas.
Cuando en tu informe pone únicamente "hernia de hiato" sin más apellido, casi siempre se refiere a la primera.
Por qué puede tener consecuencias
La barrera que impide el reflujo no depende de una sola estructura, sino de dos que trabajan superpuestas: el esfínter esofágico inferior y el diafragma, que lo rodea y aumenta la presión en esa zona, sobre todo al inspirar.
La hernia separa esos dos componentes, y con ello la barrera pierde eficacia. A eso se añade que el llamado bolsillo ácido, la capa de ácido que se forma sobre el contenido del estómago después de comer, queda situado por encima del diafragma y más disponible para refluir, y que el vaciado del material refluido se hace más lento. De esta forma, la hernia de hiato se asocia a formas más graves de reflujo, a más episodios en decúbito y a mayor lesión de la mucosa esofágica.
Ahora bien, esto explica un mecanismo, no un destino. Hay personas con hernia y sin síntomas, y personas con reflujo importante sin hernia.
Qué no significa tenerla
No es una hernia como las de la pared abdominal. No hay nada que se pueda palpar ni que corra riesgo de estrangularse en la inmensa mayoría de los casos.
No es una lesión premaligna. No es lo mismo que un esófago de Barrett, aunque el reflujo mantenido que a veces la acompaña sí pueda favorecerlo.
Su tamaño no es lo determinante. Más que los centímetros que mida, lo relevante son los síntomas y los problemas que condicione, habitualmente de reflujo.
Qué pruebas ayudan a valorarla
La gastroscopia es la que suele detectarla, pero no siempre es la que mejor la caracteriza. Según el caso, pueden aportar información complementaria la manometría esofágica de alta resolución, que estudia la unión esofagogástrica y la motilidad del esófago, y la pH-impedanciometría de 24 horas, que documenta si existe reflujo patológico y si se relaciona con los síntomas.
No todo el mundo necesita esas exploraciones. Tienen sentido cuando los síntomas no responden al tratamiento, cuando el cuadro es atípico o cuando se está valorando una intervención quirúrgica.
Si tienes una hernia de hiato en tu informe y quieres entender si explica tus síntomas, si conviene hacer alguna prueba más o si el tratamiento que sigues es el adecuado, puedes consultarlo por videoconsulta en agenda.digestivo.es.
Qué se puede hacer
Medidas generales. De todas las recomendaciones que circulan, las que cuentan con respaldo son la pérdida de peso, dejar de fumar, evitar las cenas tardías y elevar el cabecero de la cama. En los estudios que las han evaluado, la pérdida de peso redujo el tiempo de exposición ácida del esófago, elevar el cabecero lo redujo del 21% al 15% frente a dormir en plano, y cenar tarde aumentó la exposición ácida en decúbito respecto a cenar pronto. Dormir en decúbito lateral izquierdo también se ha relacionado con mejoría.
Las restricciones dietéticas generales, en cambio, no cuentan con evidencia suficiente para recomendarlas de forma rutinaria, aunque si identificas un alimento que te desencadena los síntomas, es razonable evitarlo.
Tratamiento farmacológico. Cuando hay reflujo sintomático, los inhibidores de la bomba de protones son el tratamiento de referencia. Tratan el reflujo, no la hernia.
Cirugía. La hernia por sí sola no es indicación de operar. La cirugía antirreflujo se plantea en casos seleccionados, sobre todo cuando el reflujo está bien documentado y no se controla con tratamiento médico, o en algunas hernias paraesofágicas. Es una decisión que se toma caso por caso y tras estudio funcional.
Preguntas frecuentes
¿La hernia de hiato se cura sola o se puede reducir?
No desaparece por sí sola ni se corrige con ejercicios. Lo que puede mejorar, y bastante, son los síntomas asociados.
Tengo hernia de hiato y no noto nada. ¿Debo hacer algo?
En ausencia de síntomas, habitualmente no. No requiere seguimiento específico por el hecho de existir.
¿Puedo hacer deporte o levantar peso?
Sí. Algunos esfuerzos que aumentan la presión abdominal pueden desencadenar síntomas de reflujo en el momento, pero eso no significa que dañen nada ni que haya que abandonar la actividad física.
Referencias
- Alcedo J (coord.). Documento de actualización de la Guía de Práctica Clínica sobre la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico en el adulto. Asociación Española de Gastroenterología (AEG); 2019. https://www.aegastro.es/documents/contenidos/reflujo_gastroesofagico_final.pdf
- Ness-Jensen E, Hveem K, El-Serag H, Lagergren J. Lifestyle Intervention in Gastroesophageal Reflux Disease. Clinical Gastroenterology and Hepatology. 2016;14(2):175-182.e3. https://doi.org/10.1016/j.cgh.2015.04.176
Soy gastroenterólogo en el Hospital Universitari Parc Taulí de Sabadell y doctor en Medicina por la UAB, con máster en Endoscopia Avanzada y en Ecoendoscopia.