Es una de las infecciones más frecuentes del mundo y, aun así, una de las peor explicadas en la consulta. Muchos pacientes salen con un tratamiento de dos semanas, varios antibióticos y la instrucción de tomarlos, sin que nadie les diga que ese tratamiento falla en una proporción nada despreciable de casos y que hay que comprobar después si ha funcionado.

Esa comprobación es la parte que más se pierde por el camino, y es la que motiva la mayoría de las consultas que recibo sobre este tema.

Qué es

Helicobacter pylori es una bacteria capaz de colonizar la mucosa del estómago y mantenerse allí durante años. La infección suele adquirirse en la infancia y persiste sin tratamiento.

Produce una inflamación crónica de la mucosa gástrica, y es la causa principal de la gastritis crónica, de la úlcera péptica y un factor determinante en el desarrollo del cáncer gástrico. Está reconocida formalmente como una enfermedad infecciosa, lo que en la práctica significa que, como principio general, todo paciente infectado debería recibir tratamiento.

Eso no quiere decir que haya que buscarla en todo el mundo. La indicación de estudiarla depende del contexto: síntomas digestivos que la justifiquen, úlcera, antecedentes familiares de cáncer gástrico, determinados tratamientos previstos o hallazgos previos en una biopsia.

Cómo se diagnostica

Hay varias formas de detectarla, y no todas sirven en todas las situaciones.

Test del aliento con urea marcada. Es el método no invasivo de referencia, tanto para el diagnóstico como para comprobar la erradicación.

Antígeno en heces. Alternativa válida y también útil para la comprobación posterior.

Biopsia durante la gastroscopia. Permite además valorar el estado de la mucosa y, en casos seleccionados, estudiar a qué antibióticos es sensible la bacteria.

Serología en sangre. Detecta anticuerpos, que pueden persistir después de haber eliminado la infección, así que no sirve para saber si sigue presente ni para comprobar la erradicación.

Un detalle que condiciona el resultado: para que el test del aliento o el antígeno en heces sean fiables hay que suspender los inhibidores de la bomba de protones al menos dos semanas antes y no haber tomado antibióticos en el mes previo. Hacerlo sin esa preparación es una fuente frecuente de falsos negativos.

Por qué falla el tratamiento erradicador

El tratamiento combina un inhibidor de la bomba de protones con varios antibióticos. El problema es la resistencia bacteriana, que ha ido aumentando, sobre todo frente a claritromicina, y que ha obligado a cambiar las pautas.

Las pautas que se consideran aceptables son las que consiguen curar al menos al 90% de los pacientes. Para alcanzar esa cifra, el consenso español recomienda actualmente pautas cuádruples, con o sin bismuto, y de 14 días de duración. Las pautas triples clásicas y las de 7 días se han quedado por debajo de ese umbral.

De esta forma, si te tratan con una pauta corta o con menos fármacos de los que corresponden, las probabilidades de que la infección persista aumentan. Y persistir no siempre da síntomas.

Dos factores dependen directamente del paciente y pesan mucho: completar el tratamiento entero, incluso si aparecen molestias, y tomarlo con el horario indicado. Los efectos secundarios son frecuentes, casi siempre leves, y abandonarlo a mitad es una de las causas evitables de fracaso.

La comprobación no es opcional

Tras el tratamiento hay que confirmar que la bacteria se ha eliminado, con un test del aliento o un antígeno en heces, respetando el intervalo indicado: al menos cuatro semanas desde el final de los antibióticos y con los inhibidores de la bomba de protones suspendidos las dos semanas previas.

1. Diagnóstico

Test del aliento con urea marcada, antígeno en heces o biopsia durante la gastroscopia.

2. Tratamiento

Pauta cuádruple de 14 días, completa y con el horario indicado.

3. Espera

Al menos cuatro semanas desde el último antibiótico.

4. Comprobación

Test del aliento o antígeno en heces, con los inhibidores de la bomba de protones suspendidos las dos semanas previas.

La comprobación forma parte del tratamiento, no es un extra. Hacerla antes de tiempo, o sin haber suspendido los inhibidores de la bomba de protones, puede dar un negativo falso.

No basta con que hayan desaparecido los síntomas. Una infección persistente puede ser asintomática y seguir produciendo daño en la mucosa.

Si el resultado sigue siendo positivo, existen pautas de rescate distintas de la inicial, y la elección depende de lo que se haya usado antes. No se repite sin más el mismo tratamiento.

Si has hecho el tratamiento y nadie te ha citado para comprobar si ha funcionado, o no tienes claro si el test que te hicieron era el adecuado, es exactamente el tipo de situación que reviso por videoconsulta en agenda.digestivo.es.

Qué ocurre después de erradicarla

Erradicar la infección cura la gastritis crónica no atrófica y reduce el riesgo de cáncer gástrico. Cuando ya existen cambios avanzados en la mucosa, como atrofia extensa o metaplasia intestinal, el tratamiento sigue siendo necesario pero no elimina por completo el riesgo, y por eso en esos casos puede corresponder seguimiento endoscópico.

La reinfección en adultos es poco frecuente en nuestro medio, como explico en las preguntas frecuentes.

Preguntas frecuentes

¿Se contagia? ¿Debe tratarse mi familia?

La transmisión ocurre entre personas, habitualmente en la infancia y en el ámbito familiar. El estudio de convivientes no se plantea de forma sistemática, sino en situaciones concretas que conviene valorar caso por caso.

¿Puedo tomar probióticos durante el tratamiento?

Se usan sobre todo para mejorar la tolerancia a los antibióticos. Su efecto sobre la tasa de curación es discutido, así que no sustituyen a una pauta correcta.

¿Me puedo reinfectar después de haberla eliminado?

Sí, es posible, pero es poco frecuente en adultos en países como el nuestro, donde las tasas anuales de reinfección descritas son bajas. Conviene distinguir dos situaciones que se confunden: la reinfección verdadera, con una bacteria nueva adquirida después, y la recurrencia de la infección original que nunca llegó a eliminarse del todo y reaparece, habitualmente durante el primer año tras el tratamiento. Esta segunda es bastante más común. Por eso un resultado positivo poco después de haber dado negativo apunta más a un tratamiento que no funcionó por completo que a un contagio nuevo, y por eso también importa que la prueba de comprobación se haga en el momento correcto: hacerla demasiado pronto, o sin haber suspendido los inhibidores de la bomba de protones, puede dar un negativo falso que luego se interpreta como reinfección.

He terminado el tratamiento y sigo con molestias. ¿Ha fallado?

No necesariamente. Los síntomas pueden persistir por otras causas aunque la bacteria se haya eliminado, y también puede ocurrir lo contrario. Por eso la comprobación se hace con una prueba, no con la evolución de los síntomas.

Referencias

  1. Gisbert JP, Alcedo J, Amador J, et al. V Spanish Consensus Conference on Helicobacter pylori infection treatment. Gastroenterología y Hepatología. 2022;45(5):392-417. https://doi.org/10.1016/j.gastrohep.2021.07.011
  2. Malfertheiner P, Megraud F, Rokkas T, et al. Management of Helicobacter pylori infection: the Maastricht VI/Florence consensus report. Gut. 2022;71(9):1724-1762. https://doi.org/10.1136/gutjnl-2022-327745

Soy gastroenterólogo en el Hospital Universitari Parc Taulí de Sabadell y doctor en Medicina por la UAB, con máster en Endoscopia Avanzada y en Ecoendoscopia.